"Si no fuera por el empeño que ponemos en la negación, la represión y la duda, nuestra vida sería una revelación constante." Deepak Chopra

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*Despertar el recuerdo de sí. Resucitarse




Federico Acosta


 B. Franklin decía que existían tres tipos de hombres:

• Los móviles

• Los inmóviles

• Y los que se mueven y consiguen lo que buscan.



"Conócete a ti mismo y conocerás a Dios"

(Antiguo oráculo de Delfos).



¿Quién soy en verdad?


¿Qué es la vida? ¿Quién es dios? ¿Cuán basto es el universo? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Hubo un comienzo? ¿Debo hacer algo en esta existencia?

Aunque nos resulten asombrosamente diferentes todas estas preguntas pueden ser respondidas por una misma respuesta. Con esta sencillez y belleza trabaja todo en el universo.


Una vez leí en un libro la siguiente frase: "Dios es simple, todo lo demás es complejo" por sí mismo estas palabras produjeron en mi interior algo que traduciré como un chispazo de luz. No sabía bien por qué pero es lo que sentí. Después comprendí que así sucede cuando nos encontramos con la verdad, que es una parte de nosotros. Se experimenta en el cuerpo y aunque a la mente le cueste aceptarlo, algo en nuestro cuerpo, algo en nosotros cambió. Frente a la luz no somos los mismos. Así también existen preguntas cuya respuesta sólo puede ser respondida desde un estado de conciencia superior, iluminado, que los antiguos conocían como "el recuerdo de sí".


En verdad lo que hacen estos encuentros y preguntas cuando nos producen tal sensación es enfrentarnos a nuestra verdadera naturaleza, a quienes somos y ese sólo suceso nos transforma y revela algo nuevo aunque no estemos preparados para comprenderlo o recordarlo en ese momento.


¿Qué es exactamente el recuerdo de sí?


Es un estado de conciencia real de quienes somos y que olvidamos debido al excesivo estado de atención que pusimos sobre las cosas del mundo. Produciendo una división/fractura de nuestra percepción que trae aparejado nuestro consecuente debilitamiento (divide y vencerás).

De este modo, el hombre es un ser que camina cojo, parcial, fragmentado y vulnerable en la vida, preso de la dualidad se olvida de sí.


Este olvido es lo que no nos permite volver a pensar, sentir y actuar de una forma totalmente en pro de nuestro bienestar y evolucionar como seres espirituales y raza cósmica. Es un saber sobre nuestra identidad y ¿dónde precisamente, sino en uno mismo, puede estar esta respuesta?


Aunque a veces encontrarla puede estar muy en lo profundo. Por eso es necesario limpiar el camino hacia ti mismo, debes antes desintoxicarte y esto requiere como todo tratamiento médico de un cambio en los hábitos. Así como los monjes al elegir un cambio de vida cambiaban sus vestimentas como primer signo de esta decisión, nosotros debemos colocarnos el hábito de una mente, conducta y emociones sanas, limpias, blancas. Una renuncia que está sobreestimada en su dificultad y que no es nada difícil si tomas como referencia lo que obtendrás a cambio.


El tratamiento es el proceso de tiempo de los intentos, de practicar el cambio para transformar nuestros modos de pensar y actuar y, de este modo, se modificará nuestro sentir, que restaurará y reparará la percepción que tenemos del mundo. A esto se llama limpiar la mirada.


Correr el velo que oculta las respuestas de quienes somos en realidad es un acto de coraje, una estocada de muerte al enceguecedor ego. Cuando recordamos quienes somos, el ego, en ese momento, casi ha dejado de existir. Pues dejamos de creer en él para creer en nosotros mismos.

Existen cientos de tratamientos de limpieza emocional y mental para despertar el recuerdo de sí. Básicamente todos los que recurren a ciertos principios prácticos y sencillos son buenos.


Aquí te propongo uno que me ayuda.


Primera parte: limpieza del paisaje exterior.


En el entorno casa; dedicar un momento para: Escuchar música agradable, observación de una bella imagen, sentir un aroma. Ver una película que nos haga sentir bien, leer un buen libro, comer algo rico, saboreándolo.


En el entorno exterior: Observar por unos minutos el sol, tocar la corteza de un árbol (abrazarlo si puedes), caminar descalzo en el pasto o tierra. Observar jugar a los niños. Para esto las plazas son los mejores lugares. No permitas durante este tiempo de desintoxicación que el ego quiera disuadirte con las culpa (pérdidas de tiempo, falta de sentido, vergüenza, incapacidad para hacerlo, etc.). Ten presente que ésta fue la estrategia que usó para traerte hasta aquí y hacerte perder el recuerdo de quien eres en verdad.


Hacer bien esto induce a algo denominado auto-percepción superficial o inconsciente, la cual lleva a una auto-atención de sí, debido al sentimiento agradable que se experimenta. Este paso ya es importante, porque lo que hicimos fue cambiar el foco atencional al volcar un poco la percepción sobre nosotros. Algo que en esta sociedad acelerada y demandante está mal visto y desnaturalizado. Recordemos que la iluminación es un proceso de equilibrio de la atención puesta en nosotros desde el amor (amarnos) para generar luz y luego volcarla en el mundo para iluminarlo (amarlo).


Segunda parte: El paisaje interior.


La auto-percepción superficial es sólo una primera parte de este viaje hacia el recuerdo de sí, la mitad, y si nos quedamos en él corremos el riesgo de estancarnos en sensaciones y estados que pueden crear dependencias, vicios, egoísmo y finalmente más vacío: Perder el camino. Éste es el motivo de por qué las personas caen en tantas adicciones. En verdad estaban buscando algo que sentían les faltaba, pero por no tener una guía, fueron víctimas de sus sensaciones ciegas y cayeron en esta peligrosa parte del camino.


Para superar este estado es preciso realizar un nuevo trabajo.


El siguiente paso del despertar el recuerdo de sí, es sentirse, percibirse, pero de un modo más profundo. A esto que se denomina auto-percepción consciente o expansiva. Es posible acceder a él mediante un viejo y conocido método: las técnicas de meditación o contemplación (centrarse en una imagen, música o paisaje por un tiempo mayor). Sólo de este modo se podrá superar el riesgo de quedar preso en la auto-percepción superficial o inconsciente.


Esto es algo que de algún modo u otro debemos practicar toda la vida. Porque sólo así podremos resistir las embestidas de la dualidad y el ego.


Tercera parte: el Autodescubrimiento y la práctica.


La práctica de la auto-percepción consciente lleva al auto-descubrimiento de sí (Recuerdo de sí). Esto es darnos cuenta de que somos seres libres y experimentar ese gozo, más allá del encierro aparente en un cuerpo y una mente. Para alcanzar esto al menos una vez por semana debes hacer algo que realmente te guste mucho y hacer algo que te centre como la meditación o contemplación para mantener el equilibrio. Ocúpate de tener tus ambientes cotidianos bellos a los sentidos. El medio en que vives es como un útero que te dará luz de vida o sombra de dolor cada día.


Este autodescubrimiento, al comienzo, es un trabajo de cada día pero con el paso del tiempo lo incorporarás y harás inconscientemente. Así llegarás a una instancia que los maestros denominan "La autocuración y estado natural de sí". Para todo esto, el cuidado amoroso del cuerpo es fundamental. El cuerpo es la llave y puerta hacia el recuerdo de sí, por eso trabajamos tanto en él. Es necesario despertarlo porque está dormido y aturdido por la mente. En él existe un saber irremplazable que necesitamos para poder ver, recordar y recorrer el camino de regreso.

Entonces recordarás que el hombre es un ángel que olvidó su naturaleza pero nunca el anhelo de volar y ese sueño es lo que le permite seguir avanzando.


Trabajando sobre el equilibrio de estos planos (mental, físico, emocional) podremos acceder a despertar el recuerdo de sí y, de esta forma, liberarnos de la mayor enfermedad que padece el hombre actual: El miedo a todo por haber olvidado su condición divina.


Cuán lejos lleguemos en el camino del recuerdo de sí, depende de la capacidad de renunciar a todo lo que busca detener nuestro avance y de perseverar en el trabajo diario con entusiasmo y optimismo. Volver a encontrarnos requiere de algunas renuncias que no se pueden alcanzar del día a la noche. De este esfuerzo nacerá tu libertad.


Todos somos uno, porque todos vamos por el mismo camino, con el mismo fin.


Despertar el recuerdo de si para volver al hogar.



Federico Acosta

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Fuente: www.nuevagaia.com

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