"Si no fuera por el empeño que ponemos en la negación, la represión y la duda, nuestra vida sería una revelación constante." Deepak Chopra

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* CANALIZACIÓN Y MEDITACIÓN II

¿Por qué es importante meditar para sintonizar y canalizar al Yo Superior?


Yo soy la Madre Divina, vengo en el nombre del amor y de la verdad.

La meditación es la elevación de nuestra vibración para entrar en el nivel de conciencia del Yo Superior que habita en una dimensión más alta. Nuestro Yo Superior tiene información valiosa para nosotros.

Al inicio, es bueno trabajar con los rayos, para el aislamiento de los estímulos sensoriales y de la actividad mental. Inhalar luz de un color, exhalar luz de otro color, meterse en esferas de colores. Al poner atención en la luz, le estamos ordenando a cada célula de nuestro cuerpo igualar a la vibración de la luz y regulamos la energía de los chakras logrando el alineamiento.

Después de un estado ligero de relajación e interiorización para la conexión y el entonamiento con el yo superior, hay que separar las voces y entrar desde el corazón o desde el tercer ojo de una manera elevada o profunda al plano sutil donde se encuentra nuestro yo superior. Podemos observarlo si disipamos la neblina de los pensamientos y las emociones.

La conexión con lo divino requiere lanzar un ancla con una llamada, y que la cuerda sea robusta de amor. Aprender a escuchar una voz lejana casi inaudible, vaciar la mente centrándonse en el corazón. Hay que estar en estado de meditación, no haciendo dos cosas a la vez. Poner la atención hasta que el canal se abra totalmente.

Es nuestra Divina Presencia la que  determina el nivel de activación de nuestro cuerpo de luz y la fusión con nuestro yo superior que puede hacer mucho por nosotros. Nuestro ser divino nos está ayudando a conseguir nuestras metas.

Aquellas actividades que provienen del Yo Superior, vienen cargadas generalmente por una energía diferente que se manifiesta en emociones espirituales, en visiones, en estados anímicos de armonía espiritual, en una necesidad de meditación, en el sentimiento de que uno ama cada vez más, en un deseo de perseverar en esos estados místicos a los que son empujados cuando es el Yo superior el que está influyendo a la mente.

Somos el camino y el caminante dentro de la Matriz Divina

 
En la Matriz Divina, somos el contenedor en donde existen todas las cosas, el puente entre las creaciones de nuestros mundos interior y exterior, y el espejo que nos muestra lo que hemos creado. En la Matriz Divina, somos la semilla y el fruto, el milagro mismo. El hecho es que este campo existe en todo, desde las partículas pequeñas del átomo hasta las galaxias más distantes.

Somos mucho más que observadores, somos una familia, la familia de la luz, atravesando por un difícil momento del tiempo y del espacio en este planeta, en la creación ya existente de su ascensión, y también de la nuestra.

Nuestra abundancia espiritual y material, nuestros amores y logros, así como nuestros miedos, la carencia de todas estas cosas, y los cambios necesarios para nuestro mayor bien, que se están manifestando en nuestra vida. Y para que esto ocurra, la conciencia debe expandirse a la altura y a la anchura  del universo. Es desde estos niveles más sutiles de la realidad que se origina nuestro mundo físico. Lo visible y lo invisible de nosotros como expresiones de una totalidad mayor.

El universo trabaja como un holograma cósmico; nuestro mundo es,la proyección de algo aun más real que está ocurriendo en un nivel más profundo de la creación. El nivel más profundo es el original. En esta visión de "como es arriba, es abajo" y "como es adentro, es afuera" los patrones están contenidos en el interior; distintos solamente en escala y vibración.

El ADN de cualquier parte de nuestros cuerpos contiene nuestro código genético para el resto del cuerpo, sin importar de dónde viene. Ya sea que tomemos una muestra de nuestro cabello, una uña o nuestra sangre, el patrón genético que nos hace ser lo que somos, está siempre ahí en el código, siempre es el mismo.

La Matriz Divina trabaja como una gran pantalla cósmica que nos permite ver cómo la energía no física de nuestras emociones y creencias se proyectan en la físicalidad. Nuestra habilidad de usar creativa e intencionalmente la Matriz Divina, de repente nos empodera para alterar todo según como vemos nuestro papel en el universo. Por lo menos, sugiere que hay mucho más en la vida que sucesos casuales con los cuales lidiamos lo mejor que podemos.

A fin de cuentas, nuestra relación con la esencia cuántica que nos conecta con todo lo demás, nos recuerda que nosotros mismos somos creadores. Como tal, podemos expresar nuestros deseos de sanación,  abundancia, alegría, paz, relaciones divinas y comunicación con lo divino.

La clave es un lenguaje para comunicar nuestros deseos que sea reconocible para esta red de energía; el lenguaje de las emociones  en el campo unificado de "conciencia pura" que impregna y penetra toda la creación.

Llamado el Tao por el Zen, la matriz divina es Todo lo que Es; el contenedor de todas las experiencias, así como la experiencia misma. El Tao es descrito como perfecto: "como el vasto espacio en donde no hace falta nada y no hay nada en exceso". Cuando perturbamos la tranquilidad del Tao a través de nuestros juicios, la armonía y el equilibrio se evaden.

Para lograr la armonía en la comunicación con los seres divinos, cuando surja duda, por ejemplo, si hacemos una pregunta y escuchamos una respuesta, pero dentro de la meditación vemos algo diferente, simplemente pensar: No son dos cosas distintas. Nada está separado, nada está excluido. Todo está en el corazón de Dios y Dios está en nuestro corazón, así que puede enviarnos una señal.

Por la ley del Uno, todo está unificado y podemos sentir el todo dentro de nosotros mismos. Para reconocer un pensamiento en cuanto a su origen, o bien viene a servir a la  personalidad, o bien viene a servir a la evolución del alma o a Dios y al propósito divino. Habiendo elegido servir a la Luz solamente podemos notar y apoyar los pensamientos del Alma, que están bajo el impulso del Espíritu. Conéctense con el Elemento Fuego, que corresponde al Espíritu. La naturaleza de Dios Padre es el fuego, la naturaleza de Dios Madre es el agua.

Todos tenemos nuestra percepción individual, donde influye nuestra propia conciencia y sus limitaciones.  Dios con su percepción divina ve todo el panorama.  Cuanto más permitimos a la percepción divina estar en nuestras vidas, más la divinidad crece en nosotros  y nos ayuda a ver claramente la verdad, entonces tenemos que esforzarnos menos.

Los amo muchísimo.

Madre Divina vía Susannah


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Fuente: http://esferadelaunidadmaitreya.blogspot.com.es.html

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